18 agosto 2014

Rock and Roll Revolution

A quienes se dicen dueños de la verdad -o sea, los periodistas-, a esa manada rabiosa de perros hambrientos, se les ocurrió la acertadísima y reveladora conclusión de que el último tema de Fito Páez era una muestra de despecho contra su exnovia. A decir verdad, fue ella quien dejó caer la idea, pero fueron los periodistas quienes mediatizaron el asunto sin dejar artículo en el diario, encuesta de Facebook o nota en la tele libre de hablar, presumir, opinar y juzgar sobre el tema.
Critican eso, el supuesto despecho y, además, el hecho de que el tema esté incluido en el próximo disco de Páez, en el que homenajeará la importancia y la figura cultural de Charly García, así sin medias tintas, y con una foto de él en la tapa. Que cómo se atreve el vendido éste a usar -¡usar!- a Charly para sus delirios personales, que qué bajo cayó este tipo.
Se ve que nadie se dio cuenta de nada. Para variar. Todos oyeron pero nadie escuchó. Se sumaron todos a la fiebre paranoica del despecho y la amargura y no supieron -no quisieron- ver más allá de sus calzones. No atendieron que el tema es el reflejo de una época, el reflejo de los esnobs, la imitación, la despersonalización del hombre, el quiebre de la cultura, la falsedad del amor, los selfies, la pose, la absurda intelectualidad, la necesidad de sentirse reconocido por el resto sin importar si el satisfacerla hiere nuestros sentimientos verdaderos; no se trata de ponerse en plan de juez, se trata de cuidar lo que se tiene, lo que aún queda, la ciudad para los hijos. Es, en fin, una especie de declaración de principios de un hombre que a sus cincuentaiún años sabe lo que quiere y lo que no. Y se defiende.

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Esto es un ejemplo. Lo tomo porque lo tengo cercano, porque está referido a artistas que admiro, porque es reciente. Podría hablar de mil cosas distintas y todo terminaría en el mismo punto. La estupidez.
Y si me pongo más juicioso, también la maldad.
Es tan fácil sentarse frente a una computadora y hacerse pasar por intelectual, por referente, sin mover un poco siquiera el culo y tener la dignidad de luchar por tu ciudad que, en un análisis bastante breve, son también tus hijos.
Y es tan fácil, desgraciadamente fácil, sumarse al coro rebuzno y agitar los dedos del teclado como un autómata, dormirse en los laureles de que el tiempo pasado fue mejor y la parafernalia colorida de las tapas de las revistas; entregarse a la mediocridad, al desatino y a la podredumbre. La gente busca la felicidad en los demás, busca reconocer sus opiniones en los de afuera, en los noticieros, en la Internet, en los periódicos; mientras viven su rutina sólo pueden coger aquello que ven y no se detienen a mirarlo, a criticarlo, a pensarlo. Animalitos. Niños de jardín. En eso nos estamos convirtiendo, esas cárceles nos imponemos.
Es una pena inmensa que sea así. Y entonces hay que rebelarse, y cantar y escribir y defender. Ése es el rock and roll.

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