10 octubre 2011

Sembrando un mal hábito

Elidio Espinoza, coronel de la Policía Nacional del Perú, fue absuelto la última semana de setiembre por el Juzgado Penal Colegiado de la Corte Superior de Justicia de La Libertad de los delitos de abuso de autoridad, secuestro y homicidio calificado en los que habría incurrido al dirigir un supuesto 'escuadrón de la muerte' acusado de ejecutar extrajudicialmente a cuatro delincuentes en octubre del 2007, delitos por los cuales la Fiscalía pedía la cadena perpetua; el fallo absolvió a Espinoza y a otros nueve efectivos investigados al encontrar contradicciones en los argumentos de la parte acusatoria y no lograr corroborar la comisión de dichos delitos.
Tras conocerse el fallo, el coronel Espinoza llegó al frontis de la Corte Superior de Justicia donde lo esperaba un gran número de simpatizantes que lo secundaron en una caravana de apoyo que culminó en la Plaza de Armas de Trujillo. La sentencia ha sido apelada y aún queda esperar un último pronunciamiento.

Dos cosas me llaman la atención en este caso.
En primer lugar, la naturalidad con la que la delincuencia ha tomado posiciones en la ciudad y cobra cupos a los taxistas y constructores para no acosarlos -más- y asalta a la gente en las calles y la obliga a un cuidado extremo e indigno -tanta naturalidad que el término 'escuadrón de la muerte' aparece como una obviedad-; luego, el apoyo que la población le ha brindado durante estos cuatro de investigación -y desde antes- a Espinoza, tan harta de la inseguridad y el miedo que es casi visto como un héroe sin importar si asesinó o no a delincuentes que -le moleste a quien le moleste- son gente como tú o como yo o como ellos -con los mismos derechos-, un héroe vitoreado en las calles de una ciudad cansada.
Decía que me llaman la atención, es verdad, pero también me asustan.

Me asusta pensar que ante la zozobra y la indignación que genera el crimen y la violencia, la respuesta inmediata pueda ser un comando policial dedicado a eliminar a quienes considere delincuentes, que ésa sea la solución que dé la entidad encargada de brindar seguridad a la población; entiendo la intranquilidad y desesperación que la ciudadanía pueda sentir y que no puedan soportar más días de peligro -lo que sucede con algunas rondas campesinas, por ejemplo- pero que desde la Policía -de haber sido así- se instale un cuadro especial para eliminar a quienes hostigan a los pobladores no me parece adecuado.
No me parece adecuado porque genera un mal precedente, instala un mal ejemplo, porque, si bien es cierto que la Policía debe servir al pueblo en su necesidad de seguridad, no creo que ésa la forma indicada de brindarla y de combatir la delincuencia, porque si a largo plazo siempre es acertado pensar en la educación y el bienestar social, pues a corto plazo es pensar en aplicar correcta y decididamente las leyes y sin miramientos, decididamente. Las leyes, la mejor forma de preservar un poco de paz sin empezar a sembrar un mal hábito: hacer justicia con nuestras propias manos.

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