Hemos pintado nuestra casa
con el color del silencio,
hay a veces miradas que me vienen a buscar
y yo no sé cómo mañana
haré para despertar
fingiendo que todo está bien,
que todo está normal,
okey,
nada más.
Cuando Toto ladra
sobre la reja de principal,
no sabemos reconocer qué nos quiere decir,
y es tal la indiferencia
que su garganta se corta,
se hace pedazos de tristeza
y cae por su boca
como una miseria
que no sabe llorar.
Mi papá llega en la noche
con el maletín en el cuello
y se dispone a poner su alma en el mueble
de las cosas sin usar,
de la vida que se pierde,
de las memorias frágiles,
los incendios breves
y un laberinto de imágenes
con que va a soñar.
07 abril 2014
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