02 junio 2013
Una gran habitación
Y ésta es, pues, la historia del tipo sentado frente a su computador, inmóvil, con mil ideas bailando en su cabeza sobre un compás aleatorio, fumando la muerte de un cigarro que no lo alerta como esperaba, cansando sus ojos a la luz de una vida que no parece darle vida, los ojos del poeta, rojos, moribundos, aciagos, la soledad, una gran habitación y es sólo un cuerpo pequeño que busca ser amado por el amor pero el amor, para él, es una vieja sin compasión por los vagabundos tristes de los mercados, y sus huesos crujen, el hueso, la rabia, son tres horas sentado aquí mismo, en este mismo lugar, y teniendo tanto que contar, tanto que advertir, tanto que gritar, estas míseras palabras se acobardan, se rebelan ante mí como lo hizo también mi familia alguna vez, y se escapan, no quieren ser conmigo el testimonio de toda la farsa, de la tristeza que es vivir pendiendo de un hilo, amordazado, golpeado, rodeado de espejos que aún no se descifrar, ¿para qué?, ya no, todo es tan relativo, tan supuesto, tan nada, pero tan todo también y tanto para mí que me hace escribir esto como un perro malherido, y es su soledad la que desgarra, penetra los ladrillos, los edificios y las corbatas de los gerentes, y es el humo de una rabia, el fuego de la desolación, un asalto en la calle de enfrente con un tipo armado y otro a la deriva, como él, como yo, como todos, ¿qué es vivir?, no voy a ponerme blanco para salir a la calle y vivir lo que no quiero, prefiero mi miseria que la ajena, ¿quién seré yo para merecer el odio del mundo?, basta con el mío, y sigo peleando por entenderlo, por saber para qué sirve, de quién me defiende, si tal vez de mí, si tal vez del mundo, si tal vez de nada y sólo soy un fantasma creado por mí mismo para excusarme de esta sangre, de estos papeles, de esta humedad, de esta poesía.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario