¿Alguna vez romperé ese camino que yo mismo construí y me decidiré a no escribir un texto por una semana?
Es una pregunta que me hago no sin cierta frecuencia, comúnmente porque llego a algunos lunes sin algo fijo qué escribir, lo cual solía suceder años atrás, cuando empecé esta aventura. ¿Qué será? ¿tal vez que ya no hay más de qué hablar? ¿que me absorben los estudios? ¿que se apagó la creatividad, la inspiración? ¿que es una metáfora más de la vida?
Pues será, en principio, que no es tan importante. No, porque hay que saber que siempre habrá algo que decir, siempre, incluso cuando no lo aparente; además, no siempre se tiene que impactar de la misma manera, no es una regla y uno no debería estar sujeto a ese tipo de regímenes como un preso a una condena, porque expresarse no debe ser una condena sino, más bien, una liberación, como al explicar que hoy, justo hoy, no siento el mismo fuego anterior al sentarme a escribir, y que no es, tampoco, el acabose.
Y que, pues no, no es el fin, desde luego, es algo simplemente, sabe Dios por qué o para qué; si lo pienso bien e intento verlo desde afuera, caramba, es una semana entre miles, pero, por supuesto, el momento es ahora, este segundo, este minuto, y se vive. Pero como se vive y no es pesadumbre alguna, puede contarse, puede pensarse y, ¿por qué no?, puede quererse también, sí, claro que sí, quererse con reconocimiento, amistad, de un solo tirón, a las primeras letras que se subordinen al capricho intacto éste del entregarse, como una flor, a vivir.
Al capricho intacto del alma al aire y el verso herido y desconcertado de un cuerpo lanzado a un mundo ancho, ajeno y brutal, lanzado a su mundo ancho, ajeno y brutal. Querido pero incomprendido, agudo pero insensato, el punto en que confluyen nuestros antepasados, nuestras alegrías y tristezas, victorias y fracasos, nuestros quereres y rencores, amores y venganzas. Todo aquel encuentro resumido en un fin de semana apurado, vertiginoso, un deporte de aventura, el riesgo de vivir y sobrevivir para contarlo en un papel en blanco, absolut vacío.
Y así quizás se llegue a otra manera de narrar, de contar, de reclamar, de reír, de entender; heridas que deben sangrar para ser costra, el remedio, nuevamente piel, figura, retrato, libro, ojo, pez, árbol.
05 agosto 2013
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