Nombrecito era un chico tranquilo. Al regresar de la escuela a su casa, casi siempre se encontraba en el camino con una linda chica de pelo negro y ojos caramelo que le sonreía al pasar. Él devolvía el gesto, saludaba y volteaba a mirarla cinco pasos después (y a veces se encontraban las miradas).
Nombrecito tenía 15 años, rulos en la frente y la sexualidad en cada centímetro de la piel; ella 22, los libros de la academia de inglés y un novio (ex novio) que llamaba a pedir perdón y a ver si realmente estaba estudiando.
Un par de amigos en común le confirmo a Nombrecito que ella vivía en un edificio cercano al barrio, dos cuadras doblando la esquina, edificio en el que uno de los amigos también vivía. Fueron muchas veces los tres al departamento de este amigo a ver pelis, a escuchar música o -en el peor de los casos- a hacer tareas de grupo. Y casi siempre se encontraban con ella, ya sea en el ascensor o cuando salía del departamento en el que vivía con sus padres, su hermano y un gato; pero la escena parecía hecha únicamente para Nombrecito y ella.
Los días fluyeron y las cosas empezaron a cambiar. Comenzaron a conocerse más, saber del otro, su historia, su presente, sus ideas, sus gustos musicales, sus amigos, sus labios; ya la relación era más cercana y compartían más que un saludo al paso y un susurrado "hola".
Salieron algunos fines de semana a bailar, a tomar un trago, al cine, al amor. Llegó un momento en el que hacer el amor era el siguiente paso y un día en que los padres de Nombrecito no estaban en casa decidieron hacerlo, hacerlo con la expectativa y la salvaje ternura de la primera vez juntos. La escena se repitió en distintas ocasiones y en la última, ella le contó sobre su novio (ex novio). Que la fastidiaba, que no sabía por qué estuvo con él, que se quería olvidar. Echado en la cama, Nombrecito escuchó y nada más, se dijo que después pensaría en eso y que mientras tanto seguiría mirándola desnuda; "ten paciencia" -susurró.
La mañana siguiente, Nombrecito amaneció con una consigna: enfrentar la situación (al novio) y envalentonarse y poner cara de malo y vivir su romance con la justa libertad; lo ganaba la pasión.
Sin embargo, algo pasó (un amigo, una telenovela, un consejo) y Nombrecito dio marcha atrás. Supo que debía controlarse, que las cosas no se iban a arreglar con la furia y la calentura que pudiera tener. Se fumó un Camel, llamó a su chica y le dijo que no seguiría con ella hasta que pudiera aclarar el problema con su novio (ex novio) y que él la ayudaría en lo que necesitara, pero que ella debía dar el primer paso...
El señor Criterio pudo sortear las dificultades en su viaje por entre las pasiones y supo guiar a Nombrecito por el camino correcto y más saludable; y ya el tiempo se encargará de enterarnos sobre lo que pasó con Nombrecito, su chica, su relación y el señor Criterio.
13 diciembre 2010
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