05 noviembre 2012

Ser el amor

Digamos que estamos rodeados de relatos y narraciones, desde los más antojadizos hasta los más exactos, nos hablan de lugares, de personas, de situaciones.
Pero qué difícil se torna hablar de aquello que nos emociona, que mueve nuestra más aguda sensibilidad, que nos dibuja sensaciones inexploradas pero tan genuinas, y no por voluntad, más bien por desbordamiento.

          Era la mañana de nuestras vidas
          y todo se sucedió como un fuego,
          la armonía nos abrazaba
          al sol de nuestro amanecer.


Compartir con una persona los misterios de nuestra propia vida y entregarse a una experiencia nueva y profunda con toda la confianza debe ser uno de los momentos más altos que podamos sentir, darnos en pleno en un abrazo tan íntegramente que el resto de cosas que nos rodean sólo resulten adornos del lugar, árboles de un paisaje sensorial; dejarse llevar en un río en el que la corriente es una casa donde quedarse a vivir, para siempre.

          Y así palpé el botón,
          así modeló la cuerda,
          y fuimos un solo cuerpo
          descansado en la orilla.


Y un rumor nos envolvió, quedamos suspendidos en una emoción y fuimos el amor, el más puro y el más sincero, el amor que nace de nuestras mañanas y traza con un pincel nuestra armonía, el color de las cosas más hermosas y el perfume que ronda los días de verano. La inmensidad.

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