10 febrero 2014

Fingir

Me choca hasta la indignación.
Salen en las actuaciones del colegio, en reuniones familiares, en la pequeña rebeldía, ¡en programas de televisión! Es el colmo.

Niños de 6 hasta 12 o 13 años comportándose como adultos, como cuarentones, como experimentados jugadores de la vida, ya ganaron todos los títulos y en todas las canchas.
Yo no sé dónde ni cómo empezó, si es reciente o algo que ya lleva tiempo pero, como sea, choca, a mí me fastidia.

Veo chicos de las edades que mencioné hablando tan sueltos de huesos y con una credibilidad a prueba de balas sobre política, sobre el matrimonio, sobre la familia, sus amigos del colegio, los chéveres, los sonsos, el chico que está lindo, el precio de las cosas del mercado... Pero, ¿con qué base? ¿con el ejemplo de los mamás o papás que por tener la boca suelta hablan sin medir lo que dicen ni frente a quién?
Tienen 10 años pero se creen (los hacen creer) de 40, en pose de gran interés e intelectualidad que no corresponde a su edad, a su niñez, a su inmadurez.

Lo empecé a ver con un grupo coral de niños, dirigido por una cantante/actriz/profesora/presentadora de televisión/figurante. La edad de los chicos iba entre los 7 hasta los 14, más o menos, y al cantar, no sólo que impostaban la voz cual estrella de Hollywood, totalmente yanqui y engolada, para nada natural, sino que, además, como para empeorar todo, los gestos que tenían eran, qué pena decirlo, hasta despreciables. Todos, todos atentos todo el tiempo a buscar la cámara que los enfocase para poner caras, hacer gestos al cantar, esa carita de confianza de videoclip de la tele, la cerrada de ojos típica de la sinceridad más falsa que podría yo haber conocido; ¡todo mentira! Todo tan detalladamente armado para que a uno se le caigan las babas de lo idiotas que nos quedamos mirando la tele, “¡ay, qué lindos los chiquitos!” ¡Pero todo es mentira! ¡es ficción! Y lo peor es que los chicos aprenden a vivir con eso, con esa mierda de mentira adentro, y la asumen como parte de ellos, como su conducta natural, se hacen daño sin saber. Es horrible.

Quizás me choca tanto por mi experiencia colegial con la oratoria. La oratoria es linda pero cuando te hacen hablar como un muñeco, recitar poemas que no entiendes pero que tienes que entender para darle sentido y enfatizar determinadas palabras -lo cual no tiene que ver con el entendimiento a tiempo que uno debe experimentar-, mover las manos y los brazos como un desquiciado hasta para señalar a la luna, caminar de un lado a otro para fingir seguridad, tener la mirada en un punto fijo; cuando pasa todo aquello y uno se acostumbra, y es Robertito, “que él recite, tan bonito que lo hace”, cuando uno se convierte en el caballito de batalla del profesor sin más éxitos que su camisa recién planchada: Cuando la vida real ataca, el globo se rompe de uno de los lados, chilla, y el aire que contenía se libera rápidamente y el globo cae deshecho al suelo y mueren todos, “qué le habrá pasado a Robertito, ya no quiere recitar”.

Dije ‘fingir’. Creo que ahí está la clave de todo esto.
Los chicos de este grupo coral, los chicos que salen en la tele súper producidos con ropita de moda, los niños que se sientan en la reunión con sus mayores, yo cuando recitaba para el colegio; todos estamos actuando sobre el mismo escenario el mismo papel: el no ser nosotros mismos. Querer fingir sentimientos que no tenemos fabricando caras para agradar, querer ser populares y estrellas de la vida tan tempranamente, querer ser adultos y hablar de política o del matrimonio con una soltura desmedida, querer no dar problemas ni decir nunca ‘no’.
Ahora, ¿saben estos chicos -y supe yo- que están equivocándose así o es que somos un resultado de ambiciones ajenas? Yo creo esto último, que venimos siendo lo que padres, profesores y sociedad en general quieren para sí; una mezcla de realización de sueños frustrados y popularidades imposibles y de una educación equivocada donde el que demuestra más gana por fuerza, la competencia es el día a día camino al éxito y todo se debe hacer como yo digo, Robertito, ¿te sabes ‘Los pasos lejanos’?...
“Hay que cantar con sentimiento, Marita”.

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