Estos dos primeros meses del año han sido extraños. Extraños porque no esperábamos tantas desgracias.
En enero, aquí en Perú, las lluvias inundaron los departamentos de Puno y Cusco dejando no sólo consecuencias en las casas y los cultivos sino también en la economía de estos departamentos. El día 12 de ese mes, un terremoto arrasó a uno de los países más pobres como es Haití.
En febrero, la nieve se apoderó de algunas ciudades de Estados Unidos, dejando gente incomunicada y también algunos muertos. En la última semana de este mes, se han desatado los eventos más desafortunados: la tormenta Xynthia en Europa, el desprendimiento de un bloque de hielo en la Antártida, el sismo en Argentina y los terremotos en Japón y en Chile.
Esas son las noticias de las que he tenido conocimiento (es decir, pueden ser más) y no son pocas para dos meses.
Yo no soy especialista en estos temas pero me preocupa mucho la indiferencia que hemos tenido (porque no creo que, ya a estas alturas, seamos tan indiferentes) y la poca acción que hemos tomado frente a situaciones que, aunque no se sabe ni se sabrá con exactitud cuándo se presentarán, indiscutiblemente (en algún momento) se darán.
Es verdad que cualquier preparación que tengamos resultará mínima frente al miedo y a la ignorada magnitud de la tragedia, pero cualquier cosa, cualquier prevención, cualquier cuidado es más que nada.
No se trata de infundir terror frente a lo que la naturaleza manda, se trata de un mínimo y merecido respeto a algo que ignoramos y de que no podemos tener la soberbia de dejar pasar lo inevitable sin aprender algo.
PD: ¿2012?. No sé, todo puede ser.
Pero creo que la idea del 2012 es la de un cambio de actitudes
y no la del fin del mundo...
01 marzo 2010
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