26 abril 2010

La belleza

Hay tantos conceptos de belleza como gente en el mundo.
Un árbol, una mesa, una melodía, un cuerpo, la nada. Cualquier cosa puede considerarse bella según la persona que así lo crea. Y quien no la considere así, no puede decir que esa persona está equivocada. Simplemente, no coinciden los conceptos.

La belleza implica equilibrio. Equilibrio de las cosas, de las formas, de los sonidos, colores, olores. Equilibrio que, en cierta medida, intentamos integrar a nuestra vida. Y hacerla bella.
Implica la búsqueda de la perfección. Sin embargo, no es una perfección en la totalidad del concepto porque la 'perfección de los hombres' es imperfecta y para disfrutar de la belleza, procuramos que sea humana, nuestra.

La belleza adorna la vida. Porque la belleza es decencia, honestidad, amor.
La belleza implica sensualidad, ese encanto que la hace admirable, venerable, deseable.

La belleza puede representarse en el cambio de púrpura a celeste de la madrugada, en la mirada inocente de un niño, en los trazos perdidos de una pintura, en fin... no hay reglas y la belleza se puede encontrar en cualquier cosa que haya sido concebida con amor.

Buscarle el equilibrio, la sensualidad, la perfección a la vida -es decir, embellecerla- es un trabajo bastante duro, incomprendido pero que llena el alma. Nos alimenta y hace que nuestro corto paso por el mundo sea mejor, sea un poco más amable.
Esa sensibilidad nos hace apreciar más las cosas, ignorar las que nos hacen daño. Afina nuestras emociones para seguir buscando y encontrar la belleza en lo diminuto o en lo grandioso, en la realidad o en la ilusión, en el silencio o en el ruido, en lo absurdo o en lo ilógico.
Despierta nuestra capacidad de asombro, esa que tenemos cuando somos niños y que suele irse cuando nos ciega el atrevimiento y la inexperiencia.

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