Estamos en el año 2011. Si multiplicas ese número por 12 meses o por 365 días o por 8,760 horas o por 525,600 minutos...
Estamos en el año 2011 y aún después de años de luchas, revoluciones, de progresos y equivocaciones, de tantas historias, de lágrimas y de crucificados, seguimos haciendo diferencias entre el hombre y la mujer y, la verdad, con los pretextos que se muestran, me resulta bastante idiota la situación.
Porque, a ver, sí es cierto que hay cosas que nos diferencian como la conducta, el proceso de la pubertad, la sexualidad, etc., pero son cosas que no deberían primar ni ser materia de discusión siquiera a la hora de hablar de capacidad intelectual o de estatura moral; uno puede -y pienso que debe también- discriminar a una persona por sus competencias, su personalidad y su integridad pero hacerlo por su género es -no lo dudo- tonto e injusto.
¿Y cómo aún persiste esa diferenciación?. Yo lo veo, en parte, con una especie de costumbre -mala costumbre- que se expresa mediante los gestos más inocentes o las palabras más simples: con frases como 'la mujer sólo se realiza teniendo un bebé' o 'un hombre debe mostrarse como un varón, fuerte, serio'. Este tipo de frases, que suelen decirse en medio de una felicidad grande o de un (re)afirmamiento de supuestas virtudes -incluso con esa inocencia y esa vaguedad- van quedándose en el inconsciente de abuelos, padres, hijos..., de la sociedad en sí, medios de comunicación, de la calle.
Y así también que 'los hombres no lloran' o que 'las mujeres no deben trabajar fuera de su casa'... aunque parezca una tontería, es así, el mínimo detalle.
Vivimos tan pendientes del iPad, de la moda, del '¿qué dirán?', del galán de la telenovela y su beso con la amante ('se pinta el pelo, ¿sabías?') y parece que no podemos siquiera sospechar o darnos cuenta que persistimos en un error que, poco a poco, nos va corrompiendo, nos daña, y nos enfrenta a nosotros mismos y al mirarnos al espejo, no encontramos alguna solución...
Yo pienso que lo primero que deberíamos ver es que esas diferencias no suman, no sirven, que, por el contrario, nos empobrecen y nos achatan, y dejar de lado ya toda esa idiotez a la que nos estamos acostumbrando; no es divertido ser parte de un mundo que separa el bien del mal y que juzga y practica con el mismo criterio con el que dos chicos juegan a la pelota, no es divertido y no es justo para alguien...
Tal vez resulte cómodo conservar, así como éste, otros conceptos que conviven con nosotros pero hay que saber que nos hacen daño y quienes tomamos conciencia de ello debemos empezar a cambiar esta situación, y podemos empezar por casa, educando en la igualdad, en el respeto, en la armonía.
16 mayo 2011
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