19 abril 2010

Discriminación

¿Qué razón podría existir para despreciar a una persona?.
Bueno, yo desprecio a la gente mala, hipócrita, mentirosa... pero no a un mormón, no a un bisexual, no a un negro, no a un vietnamita, no a una mujer.

Responder a una pregunta como "¿por qué existe la discriminación? sería muy vago de mi parte. Vago porque no conozco las mentes de cada una de las personas que discriminan a los demás, así que, como no me creo (o, al menos, eso creo) un sabio, no la voy a responder.
Lo que sí puedo decir es por qué yo no discrimino a los demás (o al menos lo intento con fervor y mucha convicción): yo creo que a una persona no se le puede juzgar por sus creencias o por su color o por su opción sexual o por su género o por su nacionalidad. Eso no importa cuando esa persona te demuestra su afecto cuando tienes un problema o cuando estás pasando por un mal momento; sería muy arrogante de mi parte negarle su cariño a alguien por el simple hecho de no compartir los estilos de vida.
Creo que a una persona sí se le puede juzgar por sus actos, por su forma de ser o por su fe para con lo demás; por otro lado, esa persona pierde el respeto de los otros cuando intenta obligar a los demás a pensar como él. En esos casos, pienso que la discriminación (siendo objetiva y sincera) es razonable y justa, yo elijo a quienes quiero como amigos y separo a quienes considero negativos.

No es fácil distanciar estos dos tipos de discriminación pues hay una línea delgadísima que las separa... hay gente que se siente ofendida y que no entiende (o no quiere entender) que se la evita por razones de caracteres.
Por otro lado, discriminar a los demás por sus opciones de vida (y no por su calidad personal) es comprarse un boleto a ignorar la vida, a ignorar que somos todos iguales (lo quieras o no), que lo único que diferencia a las personas es el color, el género, la nacionalidad, la religión o la opción sexual... y eso no denigra ni eleva a alguien.
Lo único que puede denigrar o elevar a alguien es su calidad como ser humano, su posición frente a la vida, frente al mundo; frente a la adversidad y al éxito.

Yo no puedo -ni debo- obligar a alguien a pensar como yo (o como todos o como nadie), en todo caso, los que no estén de acuerdo conmigo, tómenlo como un consejo. O simplemente como mi estilo de vida.

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