Terminó la Semana Santa. Terminaron las viejas, repetidas y pintadas películas que hablan de Jesús, Judas, María y María Magdalena. Terminaron los desfiles de cientos de feligreses (algunos sinceros, otros buscando figurar) a las iglesias. Terminaron los retiros buscando la paz interior.
Resucitó Jesús y subió a los cielos...
Pero hay un problema bastante serio con la religión:
Yo me pregunto cómo pretende la Iglesia aumentar el número de personas que asiste a los templos (y sacarlos del hoyo del alcohol y la diversión) si quien la lidera es gente que encubre casos de pedofilia de sus propios colegas.
Me pregunto cómo pretende atraer a las personas si el mensaje que deberían dar (mensaje que, dicho sea de paso, es de amor y paz) es vulnerado por los propios sacerdotes; sí, por esos mismos que sacan un porcentaje de la limosna y se encierran en las Iglesias y comen, beben y juegan con el dinero de los creyentes. Si esos sacerdotes meten sus atrevidas narices en temas que les competen; si se le ocurre a Juan Luis Cipriani -el Arzobispo de Lima- exigirle al Presidente que despida al Ministro de Salud por permitir la gratuidad de la Píldora del Día Siguiente en establecimientos públicos de salud (lugares en donde los profesionales recetan -con fundamento- los medicamentos).
¿Cómo pretende la Iglesia ser (al fin) aceptada por la sociedad toda si distorsiona los principios básicos de las personas, si roba su plata, si ultraja a niños, si interviene en temas que no le incumben?.
Yo creo que por su posición social (una especie de mano derecha de Dios aquí, in the hell city), los sacerdotes, curas, obispos, párrocos, etc. creen que pueden decidir en nuestras vidas, juzgarnos porque ellos tienen la última palabra y la sabiduría en la entonación de cada una de sus frases.
Oye Dios, yo te respeto mucho pero con esta gente yo no pacto.
Pero el problema no pasa sólo por los dirigentes de las Iglesias.
Las personas que asisten a los templos y que, supuestamente, deberían separarse de esta gente y quedarse sólo con el mensaje que da, son las mismas que, después de golpearse el pecho arrepintiéndose de sus pecados, se reunen con los amigos y hablan mal de cada persona que ose pensar distinto que ellos. "No importa -dicen-, el próximo domingo voy a misa y Dios me perdona".
En fin, por eso yo no celebro Semana Santa. No me gusta ser parte del show de un negocio que no hace más que envenenarnos y destruir la poca fe que queda en nosotros (hacia algún líder terrenal).
Yo sólo creo en mí y en Dios, y los demás deberían creer en sí mismos y en Dios. Creo que así mejorarían las cosas.
05 abril 2010
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1 comentario:
Yo celebro TODO lo ke signifique unión entre las personas, enlaces momentáneos entre las gentes. Participo de San Valentín, Día de la Madre, Navidad, etc, etc.... Porke pareciera ke la gente necesitara de un día en el calendario (un recordatorio externo)para acordarse de los demás. No somos mahometanos ni asiáticos, pero la pipol es más egoísta cada vez. Por eso yo sí celebro este tipo de excepciones.
Un abrazo. Lindo Blog.
DANIEL F
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